Capital emprendedor, capital intelectual y competitividad de los territorios. Análisis aplicado a las CCAA.

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Existe un amplio consenso en aceptar una relación directa entre la capacidad de creación de empresas de un país y su crecimiento económico. Sin embargo, resulta interesante profundizar en el análisis de los factores que incrementan el crecimiento económico de los territorios.
Por lo tanto, este trabajo tiene como objetivo comprobar si el capital emprendedor es el elemento catalizador, que en combinación con un alto nivel de capital intelectual, se convierte en un factor de crecimiento económico de las comunidades autónomas españolas, en el contexto de la economía del conocimiento. Para ello se plantea un modelo, construyendo un panel de datos con 17 CCAA, con información desde el año 2000 hasta el año 2008. Las conclusiones del estudio apuntan a la necesidad de continuar con una labor de difusión y potenciación de la cultura emprendedora en el ámbito de la economía del conocimiento, especialmente entre los microempresarios, que son quienes más contribuyen a la actividad económica y a la productividad laboral.

1.- RELACIÓN ENTRE EL EMPRENDIMIENTO Y EL CRECIMIENTO ECONÓMICO
Actualmente, los países y las regiones concentran sus esfuerzos en fomentar el espíritu emprendedor buscando la incorporación de nuevos empresarios (Bosma, 2009). Diversas son las experiencias que afirman que la creación y el desarrollo de nuevas empresas contribuyen decisivamente al crecimiento económico y, en consecuencia, a lograr un mayor bienestar para la sociedad, impulsar la innovación y mejorar la competitividad (Acs y Szerb, 2007).
Tanto Carree y Thurik (2006), como Audretsch y Keilbach (2004b) probaron que el incremento de la actividad emprendedora está relacionado con altas tasas de crecimiento económico, y también encontraron que elevadas tasas de creación de empresas se asocian con altas tasas de crecimiento y bajas tasas de desempleo. En la misma línea, diversos estudios empíricos, como los de Callejón y Segarra (1999) en España, Reynolds (1999) en Estados Unidos, Fölster (2000) en Suecia, y Audretsch y Fritsch (2002) en Alemania, entre otros, confirman que cuanto mayor sea la tasa de creación de nuevas empresas de un país, mayor será su nivel de crecimiento económico.
Por otro lado, se ha considerado generalmente que la unidad de medida del capital emprendedor es la región o la ciudad, puesto que permite aprovechar las externalidades del conocimiento que tienden a agruparse dentro de una región geográficamente acotada (Audretsch and Feldman, 1996). Acs y Armington (2004) llevaron a cabo una investigación en Estados Unidos, confirmando que aquellas regiones en las que existían spillovers fruto de la concentración de conocimiento junto con una mayor tasa de actividad emprendedora, mostraban una tasa de crecimiento más alta.
No obstante, no todos los emprendedores tienen un carácter homogéneo. La literatura sobre el espíritu empresarial sugiere que la identificación del tipo de emprendimiento es esencial para establecer la relación entre la actividad emprendedora y el crecimiento económico. Diversos tipos de iniciativa empresarial pueden tener diferentes impactos en el crecimiento económico de una región (Sternberg y Wennekers, 2005). Por su parte, Audretsch y Keilbach (2004b) encuentran cierta evidencia que sugiere que la actividad emprendedora en el ámbito del I+D pueden tener un mayor impacto a largo plazo que en otros tipos de empresas. Así, además de la evidencia de relación positiva entre el capital emprendedor y el crecimiento económico, existen otras experiencias para las que los resultados son dispares en función de variables como al factor desencadenante de la puesta en marcha del proyecto empresarial (Acs et al., 2004; Bosma, 2009) o en función del nivel de desarrollo (Wennekers, 2006; Acs y Szerb, 2007).
Por lo tanto, con el objetivo de comprobar si existe una relación positiva entre el capital intelectual, el capital emprendedor y el crecimiento económico en el contexto de la economía del conocimiento de las comunidades autónomas españolas, se plantea el modelo que se describe a continuación.
2.- PLANTEAMIENTO DEL MODELO
El objetivo del presente estudio es pues establecer cuál ha sido el impacto, desde un punto de vista económico, de la acumulación de capital intelectual (IC) y capital emprendedor (E) en la primera década del S.XXI, a través del análisis de las CCAA españolas, para conocer en qué medida estos dos elementos pueden ser factores impulsores de crecimiento.
Este modelo permite establecer un vínculo entre el capital emprendedor y el crecimiento económico, convirtiéndolo en un canal de difusión de conocimientos. En este sentido, Acs et al. (2004) apuntan la existencia de un filtro entre el conocimiento y el conocimiento económicamente útil, y señalan al capital emprendedor como uno de esos mecanismos que facilitan la utilización del conocimiento en el crecimiento económico, a través de la creación de nuevas empresas.
Con respecto a la variable que representa el factor conocimiento, son habitualmente utilizados como indicador conocimiento (R) de Romer (1986) o (H) capital humano de Lucas (1988): el número de trabajadores en el ámbito del I+D o la inversión en este concepto en función del PIB (Griliches, 1979; Jaffe, 1989; Audretsch and Feldman 1996; Audretsch y Keilbach, 2004a). Una aportación de este trabajo con respecto al modelo original, consiste en sustituir los factores citados, por el capital intelectual.
De este modo, las hipótesis planteadas son las siguientes:
• H1: a mayor intensidad de capital intelectual, mayor será el nivel de actividad económica.
• H2: a mayor intensidad de capital intelectual, mayor será la productividad laboral.
• H3: el capital emprendedor, en el ámbito de la economía del conocimiento, ejerce un impacto positivo en el nivel de actividad económica.
• H4: el capital emprendedor, en el ámbito de la economía del conocimiento, ejerce un impacto positivo en la productividad laboral.

3.- RESULTADOS Y CONCLUSIONES
A la vista de los resultados obtenidos se puede observar que la variable (IC) se muestra fuertemente correlacionada y estadísticamente significativa en ambas funciones y en todas las regresiones realizadas con los diferentes tramos de la variable capital emprendedor, mostrando asimismo un valor muy estable en todos los casos. De esta forma, se comprueba que el capital humano y el capital físico son elementos necesarios, pero no suficientes, para generar crecimiento económico (Holcombe 1998).
Este carácter instrumental del capital emprendedor es el que se pone de manifiesto a través de las hipótesis H3 y H4. Los resultados demuestran cómo el capital emprendedor se convierte en un agente capaz de convertir la existencia de spillovers de conocimiento en crecimiento económico, a través de su transformación en actividades comerciales (Arrow, 1962).
No obstante, en el ámbito de la economía del conocimiento objeto del presente estudio, este capital emprendedor, con capacidad para generar mayor actividad económica y productividad, se encuentra concentrado entre las empresas nacientes con un menor número de empleados. Concretamente, entre aquellas que tienen entre 3 y 19 empleados que es el segmento que se muestra estadísticamente significativo, coincidiendo con los resultados obtenidos por Masson (2007), si bien, el ya citado carácter específico de estas empresas, y su todavía escasa implantación en nuestra economía, condiciona los resultados.
Una de las diferencias observables respectos a otros estudios, es la baja correlación que el segmento de 1 a 2 empleados tiene con la actividad económica y especialmente con la productividad, llegando a ser con esta última negativa y estadísticamente significativa. Una posible explicación podría ser la alta cualificación de los profesionales que las componen, que por sí solas no puede crear conocimiento económicamente explotable, sino que necesitan establecer nuevas percepciones, pensamientos y experiencias en el contexto de una organización (Nonaka y Takeuchi, 1995; Stewart, 1999).
Por otro lado, estos resultados confirman la idea de que en contextos en los que existe un alto nivel de actividad emprendedora se fomenta también la innovación y la competencia a través de la rotación empresarial, eliminando aquellas menos eficientes y fomentando aquellas que lo son más (Callejón y Segarra 1999). Si bien, el segmento de empresas que resulta significativamente estadístico es todavía el 13.77% del total de empresas creadas en el ámbito de la economía del conocimiento.
En definitiva, dada la grave y larga crisis económica, con agudas consecuencias sociales, por la que atraviesa nuestro país desde el año 2008, el presente trabajo ha pretendido ser una aportación a la comunidad académica, contribuyendo en el avance de un tema tan necesario y oportuno, fomentando con ello el cambio de mentalidad necesario para que el entorno sea más favorable a la creación y difusión del conocimiento y que la sociedad valore más la actividad emprendedora, fuente de creación de riqueza y empleo.

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