Desarrollo Local, empresa, competitividad y empleo

Desarrollo Local, empresa, competitividad y empleo

Alre­de­dor de la nece­si­dad de la rede­fi­ni­ción del papel que, el desa­rro­llo local como marco teó­rico y de las agen­cias de desa­rro­llo como su herra­mienta de imple­men­ta­ción, deben jugar en el ámbito del desa­rro­llo de los terri­to­rios, se ha desa­rro­llado una abun­dante lite­ra­tura en la que apa­re­cen refle­xio­nes y pro­pues­tas bajo muy dife­ren­tes enfo­ques. Así, pode­mos ver pro­pues­tasbajo un prisma pura­mente ins­ti­tu­cio­nal, en los que se refleja la nece­si­dad de cla­ri­fi­ca­ción de las com­pe­ten­cias de las ins­ti­tu­cio­nes que actúan en este ámbito, quie­nes plan­tean una vision desde un punto de vista his­tó­rico y con un mar­cado carác­ter endó­geno plan­teando qué es lo que las agen­cias “han hecho y que son capa­ces de hacer” en el actual contexto.

En la misma direc­ción pero en sen­tido opuesto, exis­ten plan­tea­mien­tos con una vision pura­mente exó­gena, donde “lo que nece­si­tan nues­tras empre­sas, ciu­da­da­nos, comer­cios.…” se con­vierte en el eje del modelo sin deter­mi­nar, en oca­sio­nes nues­tras com­pe­ten­cias y nues­tras capa­ci­da­des para acometerlas.

Pero mien­tras esto ocu­rre y el debate va madu­rando o en para­lelo con el mismo, pode­mos y debe­mos plan­tear­nos cómo ir mejo­rando los ins­tru­men­tos que uti­li­za­mos de forma habi­tual en nues­tro “actual viejo modelo” para la con­se­cu­ción de nues­tro obje­tivo como agencias.

Qui­zás, la pri­mera difi­cul­tad sea la defi­ni­ción de nues­tro obje­tivo en el con­texto actual, siendo esto, pro­ba­ble­mente la pri­mera de las con­clu­sio­nes que han de extraerse del debate ante­rior­mente apun­tado. Pero si acep­ta­mos como aprio­rismo un obje­tivo clá­sico “como el de mejo­rar la com­pe­ti­ti­vi­dad de los terri­to­rios a tra­vés de un desa­rro­llo equi­li­brado y sos­te­ni­ble del mismo”.

La pro­duc­ti­vi­dad y el empleo apa­re­cen como las dos gran­des dimen­sio­nes de la com­pe­ti­ti­vi­dad de una uni­dad terri­to­rial, teniendo ambas, como agente fun­da­men­tal a la empresa, de forma que las accio­nes en la mejora del desem­peño en las mis­mas o las polí­ti­cas de crea­ción de nue­vas uni­da­des deben con­fi­gu­rarse como un ele­mento nuclear en la acti­vi­dad de las agencias.

Múl­ti­ples estu­dios han con­fir­mado que la crea­ción de empre­sas repre­senta el motor de las eco­no­mías en los paí­ses desa­rro­lla­dos, así como que cons­ti­tuye un fac­tor clave para lograr una mejora en la productividad.

No obs­tante, no todos los empren­de­do­res tie­nen un carác­ter homo­gé­neo. La lite­ra­tura sobre el espí­ritu empre­sa­rial sugiere que la iden­ti­fi­ca­ción del tipo de empren­di­miento es esen­cial para esta­ble­cer la rela­ción entre la acti­vi­dad empren­de­dora y el cre­ci­miento económico.

Diver­sos tipos de ini­cia­tiva empre­sa­rial pue­den tener dife­ren­tes impac­tos en el cre­ci­miento eco­nó­mico de una región y la evi­den­cia empí­rica sugiere que la acti­vi­dad empren­de­dora en el ámbito del I+D pue­den tener un mayor impacto a largo plazo que en otros tipos de empresas.

Así, ade­más de la evi­den­cia de rela­ción posi­tiva entre el capi­tal empren­de­dor y el cre­ci­miento eco­nó­mico, exis­ten otras expe­rien­cias para las que los resul­ta­dos son dis­pa­res en fun­ción de varia­bles como al fac­tor des­en­ca­de­nante de la puesta en mar­cha del pro­yecto empre­sa­rial, en fun­ción del nivel de desa­rro­llo, o el número y per­fil del equipo emprendedor.

En con­se­cuen­cia, hemos de defi­nir cual ha de ser nues­tro papel a futuro de una acti­vi­dad tan impor­tante en las agen­cias como es el apoyo a la mejora en la com­pe­ti­ti­vi­dad de las empre­sas en todas su fases, de desde la crea­ción a la posi­ble trans­mi­sión a pos­te­rio­res gene­ra­cio­nes, pre­gun­tán­do­nos cuá­les deben ser las acti­vi­da­des, herra­mien­tas y recur­sos dedi­ca­dos a cada seg­mento de empresa para dar cum­pli­mento a nues­tro obje­tivo como agencias.

Pro­ba­ble­mente la repuesta a esta pre­gunta va a depen­der del entorno en el que se desen­vuelva quien se la for­mule, pero no es menos cierto que debe res­pon­der al obje­tivo ini­cial de mejo­rar la com­pe­ti­ti­vi­dad del terri­to­rio, para que nues­tra acti­vi­dad sea per­ci­bida como de auten­tico valor aña­dido, tanto por las ins­ti­tu­cio­nes que nos sus­ten­tan, como por los agen­tes (empre­sas, ciu­da­da­nía, comer­cio…) a los que damos servicio.

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