Empleo y autoempleo en tierras de Fausto. Valor y precio en un mundo de idiotes

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Este año, Gaspar[i], recompensó mi buen comportamiento, dejando  la noche del  5 al 6 de Enero un libro titulado “Acabemos con el paro[ii]

Tan sugerente título en estos momentos en los que el paro se percibe como el primer problema de país[iii], me obligó a una inmediata y apasionada lectura en la búsqueda de soluciones para este acuciante problema.

Tras esta lectura, y como no podía ser de otra forma, me resultó difícil no compartir la argumentación de un brillante economista como es su autor, e inevitablemente, en la medida que este te conduce dentro de la ortodoxia de un determinado modelo económico, compartir gran parte de sus conclusiones.

Pero la edad, que no sé si la experiencia, va haciendo que uno tenga tiempo para relativizar los impulsos fruto de las pasiones y en este caso recordé un frase de una lectura de una ya lejana adolescencia, “el hombre será libre cuando se libere de su pasiones[iv], así que, dejé reposar esta lectura y una vez pasado el carnaval, fiesta que representa  el zenit de las pasiones y el reinado de Don Carnal, y ya, bajo el imperio de Doña Cuaresma y su incondicional Don Ayuno, he decidido poner en perspectiva estas conclusiones con las de otro ilustre economista, Yanis Varoufakis a través de su libro Economía sin corbata[v], al que a priori, se le supone en una posición ideológica radicalmente opuesta a la del primero.

Economías con mercado y economías de mercado.

Antes entrar a valora las ideas e cada uno de ellos, resulta interesante fijar los paradigmas económicos en los que cada uno de ellos desarrolla sus reflexiones.

Varoufakis apuesta por un marco económico de referencia con rostro humano, donde las personas sean el centro y objeto de la misma,  e inicia su reflexión con una rotunda afirmación “Los mercados no son la economía”, los mercados dice, existen desde que se produce un intercambio, pero la economía necesita de la aparición de la producción, esto le lleva a distinguir entre “sociedades con mercados o sociedades de mercado”.

Esto se convertirá a la postre, en uno de los pilares de su construcción teórica y aludiendo al origen etimológico del término economía, Oikos (la casa) nomia (gestionar), afirma que en los orígenes de la economía, el objetivo era la satisfacción de las necesidades de la unidad familiar o del grupo social al que se pertenecía, de forma que en las sociedades con mercado, el valor de un bien es calificado como experiencial, y estos se valoran en la medida que resultan satisfactorios para quien lo recibe o su entorno.

Sin embargo, en las segundas el valor de cambio por encima del experiencial, se convierte en el eje de todo el modelo, así, el mercado además de ser eficiente en la fijación de precios, arrebata a la persona o al grupo en la fijación del valor de la mercancía, este importante salto cualitativo, lleva a Vaoufakis a afirmar que la primacía del valor de cambio produjo tanta riqueza como infelicidad.

Daniel la Calle coincide con la primera parte de este último argumento y afirma que son las democracias liberales a lo largo de los últimos 100 años de historia con economías abiertas y capitalistas, las que han conseguido una mayor prosperidad, menor pobreza y mayor igualdad, en contraposición con las “buenas intenciones” de otros modelos que propugnan una mayor intervención pública en la economía.

Utiliza entre otras, dos citas que muestran muy claramente su opinión al respecto de estos modelos, la primera de Thomas Sowel[vi]El socialismo tiene un historial tan brutal de fracasos que solo un intelectual puede ignorarlo” y la segunda de Ronald Reagan cuando afirma que en economía, las palabras más peligrosas son, “Hola soy el gobierno, te vengo a ayudar”.

Defiende que no hay posibilidad de sistema redistributivo si no  hay creación de riqueza, y es el mercado quien mejor realiza estas dos funciones, que no tiene porque implicar igualdad como fin último, puesto que con este  único objetivo no se consigue más que mediocridad, “Nadie puede hacerse rico sin enriquecer a otros” Andrew Carnegie[vii].

Para este autor, los errores de planificación empresarial se solucionan desde la competencia, cerrando empresas ineficientes y creando mejores productos con menos costes y no desde la intervención publica, subvencionando a sectores ineficientes, o estableciendo las necesidades de producción desde un comité de burócratas, como en el caso de Venezuela en el que más del 90% de las más de 1000 empresas nacionalizadas han quebrado.

Basado en este último ejemplo y su modelo económico, afirma con rotundidad que “el totalitarismo no busca controlar los medios de producción para reducir la pobreza, sino para impedir la iniciativa privada” y que “la política de la subvención crea pobres que convierte inicialmente en clientes y subsidiariamente en votantes”.

Desde su punto de vista, confundir la protección con una intervención paternalista, no protege sino destruye empleo y apunta que la UE que supone solo un 5% de la población mundial y un 25 % de su PIB y sin embargo casi un 50% del gasto social del mundo.

Apuntala este argumento, al señalar que la UE gastó un 5% de su PIB en planes de estímulo en el periodo 2008-2010, y el desempleo se incrementó en más de dos puntos y medio, siendo especialmente intensa en los países del sur de Europa y que en contraposición, el Reino Unido entre 2011-2015 con el gobierno conservador de David Cameron, de políticas económicas de un carácter menos intervencionistas, se ha creado más empleo que el resto de la UE junta.

 

Solo los necios confunden valor y precio[viii]

Varoufakis, con respecto a la relación entre valor y precio utiliza una acertada cita de Oscar Wilde “la persona cínica es aquella que lo sabe todo sobe precios y nada sobre valores”, para apoyar su apuesta por el valor del intangible sobre el de la comercialización, o lo que es lo mismo las sociedades con mercados sobre las sociedades de mercado.

De una forma muy didáctica, Varoufakis establece un paralelismo entre estos dos tipos de sociedades y los protagonistas de dos conocidos relatos.  Así, afirma que el Señor  Scrooge[ix] vive en una sociedad con mercados  y Fausto[x] en una sociedad de mercado.

El Sr Scrooge que es un comerciante que actúa en su mercado y del que Varofakis llega a defender su coherencia, cuando dice que su austeridad es para él una forma de vida, en contraposición con los actuales defensores de la austeridad, que tras predicarla de una forma apasionada, posteriormente reinciden en las inyecciones de liquidez para la construcción de nuevas fábricas para inundar el mundo con artilugios maravillosos y objetos brillantes[xi].

Afirmación muy en línea con la del ya expresidente de Uruguay, Pepe Mújica, cuando para criticar el actual modelo económico afirmaba que “nos dedicamos a fabricar pavadas y las llamamos innovación”[xii], o cuando Rob Long en defensa de Scrooge[xiii] afirma “Qué son las navidades sino una época de pagar facturas sin tener dinero”.

De la Calle en este punto y en coherencia con su defensa del actual modelo económico, reconoce y alaba al mercado como elemento generador de eficiencias y fijador de precio. Una especial mención merece la defensa de la figura del empresario como agente fundamental en la creación de valor. De ellos dice que no son un club de elite, sino trabajadores que además asumen riesgos, dado que la estructura empresarial del país está compuesta fundamentalmente por microempresas en más de 90% de las cuales son autónomos 53% y tienen entre 1 o 2 asalariados el 29.5%.

El infierno está donde yo estoy dice Mefistófeles[xiv], y a este entrega Fausto su alma a cambio de 20 años de felicidad. Pues bien, ¿no es esto lo que hacen los empresarios a través de la deuda? Dicho de una forma más ortodoxa, traen el valor del futuro de las mercancías, mediante inversiones que nos permitan producirlas para satisfacer a los mercados, una vez más el mercado fija precio y valor.

Pero este modelo, dice Varoufakis, necesita ganar constantemente los próximos 20 años de felicidad, lo que nos obligara a rehipotecar una y otra vez nuestra alma o lo que es lo mismo a mantener o aumentar nuestra deuda en inversiones productivas para favorecer un consumo que nos permita crecer, aunque sea para “hacer pavadas”. Remata el argumento afirmando que “la deuda es para las sociedades de mercado lo que es el Infierno para el cristianismo, algo tan necesario como desagradable”, y que este objetivo del constante crecimiento del beneficio hace que el dinero pase de ser un medio a un fin en sí mismo.

Dinero y trabajo, demonios e infierno

“El dinero es el estiércol del diablo” afirmó el  Papa Francisco[xv] que a reglón seguido pidió que “los hombres manden al capital y no el capital a los hombres“. Varoufakis por su parte dice que las sociedades de mercado sufren a dos demonios que se esconden en sendos importantes mercados: un demonio en el mercado del dinero y el otro en el mercado de trabajo.

Los califica de mercados edípicos, puesto que al igual que el protagonista de la tragedia griega[xvi], termina matando a su padre y casándose con su madre, por el poder de una profecía que condiciona su comportamiento. Lo mismo pasa, en tiempos de crisis, con los mercados laboral y monetario, cuando los empresarios profetizan que la crisis continuará y que la actividad económica permanecerá contraída, evitarán pedir dinero prestado y contratar a más empleados, por lo que estarán haciendo que la profecía se cumpla.

Y cuando la crisis reduce los precios del trabajo y del dinero, en lugar de que crezcan el empleo y las inversiones, pasa exactamente lo contrario, puesto que estas reducciones intensifican el pesimismo, y éste se retroalimenta.

Así, la diferencia entre un bien material, con el empleo y el dinero en una sociedad de mercado, es que el primero siempre tiene valor de cambio, y los segundos solo en función de la expectativa para generar beneficio, en consecuencia, para Varoufakis, trabajo y dinero son dos factores necesarios pero que realmente ningún empresario quiere tener, puesto que, a diferencia de otros factores, estos les imponen una relación que es jerárquica y de poder.

Es curioso observar como en este punto los dos autores coinciden en cuestionar las políticas de expansión monetaria de los bancos centrales, con el objetivo de estimular la demanda, para generar empleo.

Aunque lo hagan por razones diferentes, Varoufakis por todo lo anteriormente dicho con respecto al carácter de medio y no de objetivo del dinero y La Calle, desde un punto de vista más ortodoxo, porque afirma que imprimir dinero no crea empleo y que los estímulos monetarios tienen un bajo impacto en un entorno de sobrecapacidad y saturación de  deuda como el actual y cuestiona que  Draghi[xvii], esté priorizando la política monetaria sobre las reformas que favorezcan la productividad.

Utiliza como ejemplo la relación entre inflación y tasa de paro en España para el periodo 2001-2014, en el que en los periodos de inflación no se creó empleo y sin embargo en los periodos deflacionarios el empleo creció al 3%, cuestionando lo que hasta ahora, era un axioma incuestionable como era la correlación positiva entre inflación y empleo[xviii].

Sobre estos planes de estímulo, dice que crean la ilusión de recuperación a corto plazo, pero que necesitan constantemente de nuevo dinero para sostenerla, argumento muy similar al de Varoufakis, cuando compara la deuda al mito de Fausto.

Con respecto al mercado de trabajo, en opinión de Varoufakis, en las economías con mercado, el trabajo, las herramientas y la tierra son medios para la satisfacción de las necesidades del grupo, si embargo las economías de mercado estos se convierten en una mercancía.

En este sentido para Daniel La Calle, desde un punto de vista más ortodoxo de la economía, acepta y valora el concepto de trabajo como factor que maximice la función de producción y el salario como la remuneración marginal de este factor.

Para Varoufakis, el nacimiento del mercado laboral, coincidiendo con la revolución industrial, en la que  la producción está basada en la demanda de los mercados internacionales y no en las necesidades de las personas, trajo como consecuencia que “los campesinos fueron cambiados por lana, y que la burguesía sustituyera a la nobleza[xix]” Esto  hizo libres a los primeros de su señor feudal pero dependientes de los clientes de su trabajo, los empresarios.

A partir de este momento se convirtieron en factores de producción y en consecuencia sujetos a las reglas del mercado de trabajo que como todo mercado caminara en busca de la eficiencia que provocara finalmente la devaluación del factor, y en ocasiones la prescindibilidad de una parte del mismo, en palabras del autor “lo peor que puede ocurrirte es que alguien esté dispuesto a vender su alma al diablo y este no quiera comprarla

En este punto La Calle, asume este ajuste del factor trabajo, (devaluación interna), como un elemento fundamental de la recuperación económica en España a falta de instrumentos de política monetaria propia, a esto Varoufakis lo califica como el negacionismo del desempleo, en la medida, en que entienden que todo pasa por ajustar el precio del factor trabajo a su valor de cambio, para acabar con el paro.

Pero a pesar de esta profunda discrepancia con respecto al tratamiento de este factor, fruto de marcos ideológicos diametralmente contrapuestos, los dos coinciden en que la productividad es el mejor antídoto contra la precariedad.

Varoufakis lo define de forma implícita al describir los dos grandes saltos de la humanidad, el superávit y el lenguaje que vincula de una forma directa. El primero se produce cuando la humanidad pasa de ser recolectora a cultivar la tierra y generar excedentes que le periten maximizar sus esfuerzos y garantizar su supervivencia y el segundo cuando constata que la primera forma de escritura aparece en la antigua Mesopotamia para registrar la cantidad de cereal que cada agricultor deposita en el almacén común, en sentido contrario otras sociedades que no desarrollaron la agricultura, contaron con música y pintura, pero jamás con la escritura.

Para La Calle ese objetivo compartido de aumento de la productividad, sirve para desgranar sus propuestas para acabar con el paro, propuestas que en la medida que se desarrollan dentro la ortodoxia del actual modelo económico, resultan, inevitablemente más concretas que la propuesta de cambio de modelo de Varoufakis.

Así, utilizando el caso de la productividad en España, en la que se da la paradoja, de que la productividad es anticíclica, esto es que esta disminuye en tiempos de bonanza y aumenta en tiempos de crisis, La Calle considera que esto es fruto de la baja calidad del empleo generado, como consecuencia de un modelo económico inadecuado, y de un mercado laboral dual.

Una vez más, rechaza la intervención pública, cuestionando a la administración como generadora directa de empleo, pero también su papel en el ámbito de la intermediación al afirmar que el SEPE[xx] solo gestiona el 2% de los empleos y las ETT el 4%, insistiendo una vez más en que aquellos países que más invierten en políticas de empleo son los que más alta tasa de paro tienen, así como que  las cinco regiones con más paro de la UE son regiones que año tras año han perpetuado un modelo de baja competitividad y precariedad desde el asistencialismo.

Sus principales propuestas, tienen como objeto fundamental, el fomento de la actividad económica, con políticas de apoyo de la PYME, fomentando su crecimiento e internacionalización, la bajada de cuotas a los autónomos, la reducción de impuestos a empresas hasta tener dos años de beneficios, la reducción de trabas burocráticas que impidan el inicio y desarrollo de la actividad económica, la reducción del IRPF para fomentar ahorro y consumo, y por supuesto la reducción del gasto público.

Realiza así mismo una defensa a ultranza del emprendimiento llegando a afirmar que la democratización del emprendimiento es la democratización del empleo, y como resultado obtendríamos una democracia sólida, abogando por una participación de los trabajadores del capital de la empresa como parte de su remuneración, planteamiento que se acerca al de Varofakis en lo que a la redistribución de la riqueza respecta, si bien, desde presupuestos de partida muy diferentes.

En lo que respecta a la transformación del patrón de crecimiento, afirma que depende de la aparición de más emprendedores puesto que no sirve de nada gastar un % de PIB en I+D pero tener menos patentes que nuestros países de referencia y, sobre todo, casi ninguna industria creada tras la investigación. La educación para el autoempleo, afirma, forma parte de las estrategias de empleo específicas más efectiva de los países más prósperos.

Así mismo, aboga por la flexibilización del mercado laboral, en aras a acabar con la dualidad del mismo y conseguir aumentar la productividad y de forma especial por eliminar con el salario mínimo, que en su opinión es un freno para la competitividad de la economía, y que no existe en los países del norte de Europa que tanto utilizamos como ejemplo.

Puntos de encuentro y ¿esperanzas?

En la Antigua Grecia los que se negaban a pensar en función del interés común, de lo «público», se llamaban ιδιwτeς «idiótes» (individuos, particulares). Los antiguos griegos pensaban que los idiótes actuaban sin mesura, sin calcular el bien de los demás”, con esta afirmación, Varoufakis vuelve a arremeter contra el modelo de sociedad de mercado donde el objetivo último es el beneficio y no el bienestar del individuo, afirma que hay que dejar de hacer el idiota, evitando el valor de cambio establecido por los mercados y volver a poner al estado como regulador de los mismos para garantizar su redistribución.

Los marcos de referencia de ambos son claramente irreconciliables, pero si hay algo en lo que coinciden, además de en el objetivo de garantizar el desarrollo económico de las sociedades, es en la necesidad del fomento de la productividad y la minimización de la deuda independientemente del modelo económico en el que se desarrolle la actividad.

Llegados a este punto, sería fácil concluir, que ambos tienen razón, con respecto a sus planeamientos si aceptamos su marco ideológico de partida, pero si aceptamos esto, es difícil obviar que nuestro actual marco de referencia es el de Daniel La Calle y en consecuencia más correctas sus propuestas, que garantizan el crecimiento, pero no así la posterior redistribución.

Entonces, ¿significa esto que no hay esperanza para un modelo alternativo? Aunque surgen iniciativas como los índices de desarrollo humano, a partir de los datos suministrados por el PNUD[xxi] , o el índice de felicidad bruta, creado por el Gobierno de Bután en 1972, que intentan sustituir o complementar al PIB como “clave de Bóveda” del modelo, quizás el intento más sólido fue el informe Stiglitz-Sen-Fitoussi[xxii], encargado por el presidente de la República Francesa, Sarkozy, en el 2009, sobre la medición de los resultados económicos y del progreso social, que propuso un cuadro de indicadores de un país en el que se combinen tres grandes dimensiones económica, social y medioambiental para a medir el progreso de nuestra sociedad.

Pero como dice Raffaele DeSimone [xxiii] Hoy estamos ante una nueva forma metamórfica de la modernidad de masas, ante un gran salto adelante. Se trata de la llegada del Monstruo Amable, un tirano que despóticamente está gobernando la globalización. No tiene rostro, es una estructura de dominio y poder que consigue que los humanos, en todo el globo, nos dediquemos exclusivamente a buscar los pequeños placeres olvidándonos de cualquier otra referencia de tipo social, que recuerda mucho a la referencia al mito de Fausto de Varofakis.

Quizás  la ultima esperanza este en la relectura de Karl Marx[xxiv], cuando anunciaba que el colapso del capitalismo vendría causado por sus contradicciones internas si, tras un duro invierno, sobreviene una floreciente primavera en la economía. Sencillamente, porque las crisis capitalistas se sucederían cada vez con más frecuencia, acercándonos paulatinamente al ocaso final del capitalismo, y en el momento de escribir estas líneas nos encontramos ante otra amenaza de recesión mundial cuando todavía no hemos superados los efectos de la anterior .


 

[i] Lo siento amigo Melchor, es una cuestión de afinidad cromática capilar y mi hija dice que soy yo ;-).

[ii] ¡Acabemos con el paro!: como poner fin a la mayor lacra social y económica de nuestro país  Daniel Lacalle Fernandez , Deusto s.a. ediciones, 2015

[iii] Barómetro de diciembre de 2015 CIS

http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/Indicadores/documentos_html/TresProblemas.html

[iv]  Siddhartha Hermann Hesse Edhasa ISBN: 84-350-0902-5

[v] Economía sin corbata: Conversaciones con mi hija, Yanis Varoufakis, Grupo Planeta 2015

[vi] https://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Sowell

[vii] https://es.wikipedia.org/wiki/Andrew_Carnegie

[viii] Antonio Machado, cita.

[ix] Cuento de Navidad

https://es.wikipedia.org/wiki/A_Christmas_Carol

[x] Fausto (Goethe)

https://es.wikipedia.org/wiki/Fausto_%28Goethe%29

[xi] Austerity? What austerity? In defence of Ebenezer Scrooge

http://yanisvaroufakis.eu/2010/12/21/austerity-what-austerity-in-defence-of-ebenezer-scrooge/

[xii] Salvados: Entrevista a José Mujica. Presidente de Uruguay

https://www.youtube.com/watch?v=ZlE-9ohXgDI

[xiii] En defensa del señor Scrooge

http://www.expansion.com/sociedad/2015/12/23/567afbc5ca47411c688b45b5.html

[xiv] https://es.wikipedia.org/wiki/Mefist%C3%B3feles

[xv] http://www.lanacion.com.ar/1772302-papa

[xvi] https://es.wikipedia.org/wiki/Edipo_rey

[xvii] https://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Draghi

[xviii] https://es.wikipedia.org/wiki/Curva_de_Phillips

[xix] Descripción de cómo el valor de la lana era suprior al de los productos

[xx] Servicio Público de Empleo Estatal

[xxi] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo

[xxii] http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX%3A52009DC0433

[xxiii] El Monstruo Amable: ¿El mundo se vuelve de derechas? Raffaele DeSimone

[xxiv] https://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Marx

 

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2 pensamientos en “Empleo y autoempleo en tierras de Fausto. Valor y precio en un mundo de idiotes

  1. Luis, gracias por tu artículo.
    Como no es de lectura “findesemanera”, me lo he traído al despacho para “roerlo” a gusto.
    No te voy a poner ni quitar una coma, faltaría más.
    Lo que se me venía a la cabeza leyendo los radicales planteamientos de los dos economistas era otro cuento, más o menos mitológico, el del aprendiz de brujo. La historia, que aparece por primera vez en la obra del romano Luciano de Samóstata, coetáneo de Marco Aurelio,resulta bien conocida. Eúcrates es el joven ayudante de un famoso brujo egipcio, Páncrates y decide espiar a su maestro para utilizar sus encantamientos de manera que su trabajo se haga sólo o, por mejor decir, que se lo hagan las cosas a sí mismas. De este modo, aprovechando una ausencia de Páncrates pronuncia las palabras mágicas y una mano de arcilla movida por mágicos impulsos se encarga de ir y venir al pozo a por el agua necesaria para fregar el suelo. El problema es que Eúcrates sabía poner en marcha el proceso, pero no detenerlo, ni modificarlo y la mano, incansable, vertía y vertía cubos y más cubos de agua por la casa del maestro. Eúcrates, desesperado, toma una espada y rompe la mano, pero lo único que consigue es que sean ahora dos, en vez de una, las que trabajan ciega e incansablemente, obedeciendo al conjuro. Finalmente, Páncrates vuelve a casa y arregla el desaguisado con su verdadero dominio de las artes mágicas.
    Pues bien, después de todo lo que ha pasado, por lo menos desde los albores del siglo XX, no puedo entender cómo tienen tantos economistas la soberbia y la necedad de pretender una definición ideológica de su recetario. Del desastre humano, social e histórico que ha significado el Comunismo, poco cabe decir, pero ello no debería llevarnos a pensar en que, por lo tanto, la “receta exitosa” es la de un liberalismo económico radical. Menos aun cuando semejante postulado ultraliberal (intervención pública asíntota a cero) se falsea descaradamente a favor de los más ricos. Porque la intervención pública se reclama, se reclama constantemente… pero no para producir igualdad ni solidaridad, sino para engrasar los mecanismos del enriquecimiento.
    Cada vez que desde el poder se toca un aspecto de la economía se producen efectos. Efectos a corto y a largo. Efectos en uno y otros ámbitos de la producción y de la distribución de riqueza. Deberíamos ser más humildes y andarnos con pies de plomo. Decir que se posee un modelo explicativo cerrado y alternativo al de la escuela contraria y que además es el correcto, el que resolvería todos los problemas… “el fetén” se me antoja, como digo, una estupidez cargada de soberbia.
    Así que lo que nos convendría, digo yo, es respetar a los mercados en la medida en que funcionen como verdaderos mecanismos de eficiente asignación de recursos y precios. Dejar a la gente que haga, en principio, lo que quiera con su dinero y con su trabajo, pero asegurando un sistema político que regule, recaude y preste los servicios públicos necesarios (no otros, ni de manera ineficiente) como para que la Igualdad y la Libertad de las personas sean reales y efectivas. Esta frase tan redonda, como sabes, no es mía, pertenece al Art. 9.2 de esa Constitución de 1978 tan ninguneada ahora por algunos listillos.
    ¡Salud!

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  2. Muy buena lectura Luis, como yo soy una de esas personas que está en busca de un empleo, vale la pena reflexionar de la realidad en la que vivimos. Un saludo y eskerrik asko por el artículo.
    Yohana corzo

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